Plutarco se sentó como pudo en el respaldo de la cama, tomó en sus temblorosas manos cuarenta y siete sobres y escribió de memoria las cuarenta y siete direcciones. Introdujo la nota: “Zuk eta biok. Viernes Santo. Cripta. 9 h.”
Selló los cuarenta y siete sobres y los colocó sobre la mesilla; agotado, cerró los ojos y recordó el vientre redondo de su novia, el nombre del hijo que deseaba, la cabaña de piedra que su padre había levantado con sus propias manos y el día que escapó del pueblo.
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